DOS CUENTOS
Ignacio Villanueva Pardo
Hablemos un momento del cuento. El cuento, como forma literaria —podríamos decir, una forma moderna—, es una manera breve de expresar las más hondas profundidades del ser. Frente a él, la novela, antigua y longeva. Es una percepción personal, desde luego, pero considero que, aunque las novelas y los libros largos siguen siendo los más vendidos, no necesariamente son los más leídos. El cuento, en cambio, ha ganado relevancia e importancia, quizá cumpliendo los deseos de Jorge Luis Borges, quien veía en él una forma más pura y eficaz para la mente y el espíritu.
A diferencia de la novela extensa, que a menudo se diluye entre páginas superfluas, el cuento concentra lo esencial: el trigo de la literatura. La condición humana, el conflicto, la emoción, pueden plasmarse con intensidad en unas pocas páginas por tales razones es imperioso el tratar a los cuentos con justa equidad y ello implica analizarlos y criticarlos con la debida seriedad y a aunque no me creo merecedor de condición alguna que mediera autoridad para ello no deja de ser cierto que la necesidad de éstas obliga a la acción.
Por tanto los cuentos a tratar en este ensayo seran Ana al cuello de Chejov y El collar, de Maupassant.Ambos tienen una similitud en el tema. Los motivos que inspiran cualquier obra siempre son los mismos, siempre se repiten. El amor y la soledad son cosas que tocan lo profundo del alma de la persona.
Ambos presentan a dos mujeres aprisionadas en un lugar donde no pertenecen o creen no pertenecer. La de Chejov es sacrificada, una mujer educada en las costumbres de una clase, una burguesía acomodada a la que no pertenece, cargando el peso de llevar a la familia, de lidiar con un padre alcohólico y un hermano incapaz de valerse por sí mismo. Acepta su destino casándose con un empleado publico, viejo, feo y tacaño, el cual posee el dinero para poder mantener a su padre.
Sin embargo un evento cambia su vida. En una invitación que le hacen a su marido a un baile, ella destaca sobre todas las personas, sobre todas las mujeres que están allí, más ricas todas, pero ella brilla por su destreza y modales. Así, el hombre al que tanto miedo le tenía queda relegado; ella toma la casa, toma la vida, olvida a su padre y a su hermano, y se deleita en el nuevo círculo que se le abre. Deja a su marido como un mero adorno, como objeto decorativo, y a su padre y a su hermano ya no los ve, ya no los tiene en cuenta.
Al final de este cuento, padre y hermano la ven en un parque, montando en una carroza, acompañada por una multitud de grandes personajes. El hermano trata de hablar y el padre lo detiene y le prohíbe que se acerque. Saben ellos que ella los ha abandonado, que los ha dejado, que ya no piensa en ellos, que ya no es la misma.
El cuento de Maupassant tiene una curiosa trama convergente a la vez que diferente. Aquí tenemos la historia de una señora que, creyendo que merece más, se lamenta y se frustra por su situación. Está casada con un funcionario mediocre, con un sueldo mediocre y una vida igualmente mediocre. Se siente cohibida y envidia la vida de su amiga, que pertenece a esta gran sociedad.
También aquí hay un baile: el funcionario es invitado por su jefe. Pero la dama se lamenta, siente que merece más. Le pide a su marido, le ruega con súplica, comprar un vestido nuevo para no mostrarse indecorosa ante el público. Así también, su marido le aconseja que pida prestado un collar a su amiga. Esta accede y, vestida al fin como ella cree adecuado, va al baile; allí se deja ver por todos y siente, por una vez, que está en su mundo, el verdadero, al que le pertenece, el que merece.
Pierde, en el camino de vuelta, el collar que le había prestado su amiga y, con temor y miedo, ella y su marido tratan de arreglar el problema endeudándose con grandes cantidades de dinero, a muchos años plazo y con usureros, para poder pagar el collar. Ella, al final, queda gorda y avejentada, como las mujeres que salen a lavar ropa y que ella misma despreciaba. Así, después de muchos años de haber trabajado durante largas jornadas, en múltiples trabajos indecorosos, salda las deudas con usureros y prestamistas, y va con la dueña del collar y le dice que aquel collar que le había devuelto, en realidad, lo había perdido y que habían comprado otro para reponerlo, pero que ahora, tras haber saldado toda la deuda, se sentía libre.
Y su amiga le responde, con un toque de ironía y una vuelta del destino, que aquel collar que le había prestado aquella noche era, y fue siempre, simplemente una baratija. Y así termina el cuento.
Ambos tienen el sentimiento mutuo de que la mujer, que en Chejov desea nada más que el bienestar de su familia, se pierde en un mar de vanidades, sentimientos y sueños, en un mundo extraño al que accede mediante la apariencia. En el segundo cuento, Maupassant nos presenta a una que lo desea, que ya conoce ese mundo y que cree pertenecer a él, pero que, al final, por ese mismo deseo, se destruye en el intento de alcanzarlo.
Ambos cuentos se juntan en la trama. Ambas caras, ambos extremos, se unen en un íntimo entrelazamiento: la primera, la de Chejov, que va desde lo más bajo y llega a un mundo idílico; y la segunda, la de Maupassant, que pasa de una ilusión de grandeza a lo peor, a lo más bajo, a una mediocridad que siempre había detestado.
Ambos nos muestran la depravación de los dos mundos a través de una misma mirada, cómo corrompe la vanidad, tal vez, cómo la brillantez de ciertas cosas hace olvidar a la gente lo importante, cómo el orgullo de una persona puede desembocar en lo peor, cómo el deseo desmedido de ser algo más puede terminar por destruir aquello que uno es.
Estos dos cuentos están maravillosamente ejecutados, con una prosa brillante. Son dignos de las más altas letras Universales.
Y asi Nunca hay que olvidar, aparte de todo, que lo importante en estos es que estos dos hombres cuentan, al final, la misma historia, tan similares que incluso los temas se repiten, convergen las situaciones, porque representan la verdad, una realidad.
Una realidad que se ha perdido tanto que hoy la fantasía vive separada de toda forma real, de toda experiencia humana, y pierde así su calidad y su verdadera importancia. No podemos decir que los cuentos de Maupassant y Chejov sean realmente una ficción total, pero sin embargo lo son, una ficción en sí mismos. Pero son tan reales que los personajes están vivos, cobran vida, sienten, son humanos.
No olvidemos que todo lo que realmente la ficción nos ha dado, solo nos lo da cuando tiene algo de realidad. Cuando uno ve dentro de sí, en el alma, en el espíritu humano, los temas recurrentes, los acuciantes de todo tiempo, toda la vida repetimos el mismo libro, y ese libro siempre tiene diferentes formas de manifestarse.
No creemos una ficción que se desprenda totalmente de lo humano, de la realidad, porque, si hacemos eso, no quedará nada, y tan fácilmente como se escriben, se olvidan e influyen tan poco que quedan en papel, olvidados en montañas de libros, cuentos y demás que no logran nada más que ocupar un espacio en la realidad que detestan, y, al fin y al cabo, se les devuelve el favor: una condena al olvido, como ellas trataron de hacerlo con ella.
Referencias.
- Guy de Maupassant. Bola de sebo. Santiago de Chile: Pehuén Editores / Andina S.A., 1984
- Chéjov, Antón. Cuentos completos. Madrid: Editorial Aguilar, 1957.
-Bellido Morillas, José María. “La biblioteca ideal, 853: J. R. R. Tolkien (1892–1973) (I) (II)". "Publicado el 8 de enero 2026. YouTube.
-Revista HUMBOLDT N°87 Inter Nationes, año 27/1986 Fedral Repunlic of Germany.
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