Un comentario sobre el cholo portales y la lectura

Rodrigo Sebastián Ramírez Uño

Muchas veces, el acercarse a la literatura nacional puede resultar infructuoso y complejo. Más allá del poco interés que puedan generar ciertos autores u obras o directamente de no conocer ni autores ni obras, el primer contacto siempre puede ser difícil. Es por eso que más de una vez caeremos en las recomendaciones de un amigo.

Se nos recomienda leer tal o cuál libro porque en él encontraremos mucho, o al menos eso se nos promete. Más de una vez vi recomendar a Alcides Arguedas por sus profundos estudios de la sociedad boliviana. O tal vez leer a Jaime Saenz, porque, como también escuche decir una vez, leer su poesía es como poner la mano sobre el fuego. Podríamos decir que todo libro guarda interés porque o nos enseña algo de suma importancia o nos hace sentir algo de mucha importancia. Pero aquí asoma el engaño. Porque es claro que no en todas las ocasiones lo que para unos resulte importante o significativo lo sea para nosotros. Entonces, es justo advertir que con cada recomendación uno debe ser cauto.

Sin embargo, buscar recomendaciones no es algo desaconsejable, pero es cierto, también, que cada quien tiene su propio gusto. Es más podríamos decir, que cada quien irá desarrollando su gusto por determinadas obras o autores, así como de períodos o movimientos, a medida que siga leyendo.

Pero la pregunta, de por dónde empezar, qué novelas, cuentos, teatros o ensayos leer, siempre estará ahí. Y muchas veces el camino más transitado es el de las listas. Porque sin duda es más fácil consultar qué novelas leer y caer en la lista de las 15 novelas fundamentales de Bolivia; o llegar a las muchas antologías del cuento en Bolivia. Para mí, si fuera consultado, creo que las lecturas que uno encuentra por accidente son también una alternativa, al de las listas o recomendaciones. Además muchas veces los justificativos de dichas listas no son tanto literarios como nacionalista o sociologicos. Y es que como Blanca Wiethüchter, le dijo a Carlos de Mesa en su programa De Cerca (lastimosamente Carlos de Mesa borró todas sus entrevistas de YouTube, así que solo puedo contar con la paráfrasis), nunca, por más que podemas hacer análisis psicológicos, sociológicos, históricos, etc. Debemos olvidar que son obras de arte, que son literatura. Aunque la obra que veremos tiene poco de eso.

Entonces ¿Por qué procurarse lecturas extrañas y no las seguras que nos ofrece la crítica? Por el simple hecho de que no hay diferencia, como lo vimos: las recomendaciones guardan la misma cautela que buscar lecturas propias. Inevitablemente si queremos adentrarnos a la literatura lo haremos por una obra de la cuál no conozcamos a detalle su contexto, ni la vida de su autor y que incluso podríamos no llegar a comprender a la primera lectura. Pero eso, espero, para ti lector, no sea un desaliento, al menos no más fuerte, que el deseo de leer un libro.

He recomendado una cosa hasta ahora y ahora haré algo aparentemente opuesto, pero lo haré para demostrar que muchas veces lo que parece complejo no lo resulta tanto. Y también como un incentivo a la lectura de “El Cholo Portales”. Novela publicada por primera vez en el año 1926 y escrita por Enrique Finot que tiene un fuerte componente social y político, de hecho fue concebida bajo una idea político-social, una sola. Tanto que la solapa de la edición que tengo lo advierte: “Hace unos cuarenta a cincuenta años atrás, la política en Bolivia era sumamente candente.” Dicha oración, puede resultar familiar para muchos, y recuerde usted, tiene algo que ver con la idea central.

A rasgos muy generales, como se dijo, la obra de Finot tiene un solo argumento, que despojado, por ahora, de su contenido político-social llegaría a ser: El ascenso de Evangelista Portales, cholo (eso es muy importante aclararlo), en la política nacional. Su ascenso es como precisamente podemos imaginar, llegar algún día a ser presidente. De hecho el final de la novela es como sigue: “(...) Y acuerdénse ustedes de lo que ahora les digo: el cholo Portales va camino de la presidencia de la república”. Dicho argumento, como no podría ser de otra forma, se expresa, en su mayoría, narrativamente, de una forma clara y concisa: Diálogos y un narrador que nos cuenta todo, como un verdadero guía.

Esto podría desmerecer a la obra y de hecho lo hace, como dice Augusto Guzmán, en su “Panorama de la novela en Bolivia” en la entrada sobre Finot en la segunda época “Los Realistas (1905-1932)”: “Lenguaje claro, correcto, preciso. En las descripciones se impone airosamente. Pero la narración misma, la conducción del suceso carece de gracia y flexibilidad poéticas. …” Y, para tener el contexto completo, debemos citar al perdedor de esa batalla política; hablamos de Agustín Ramírez Paredes autor de la novela, en respuesta a la de Finot, del “El pillo Olivier” (La Paz 1927) que sentencia Guzmán como: “(...). Libro inferior al de finot es todavía menos importante.”.

Con lo dicho nos podemos figurar rápidamente el contexto bajo el cuál el cholo Portales fue escrito. De hecho, yo me atrevo a insinuar, que esto es suficiente. Y es que Saavedra, los republicanos, los liberales, el artesano, etc. Es algo que es contingente y propio de la novela, pero que no está en la novela, porque busca crear una imagen narrativa, general, que se aplica a la contingencia del momento. Es decir, busca explicar algo general que tiene su aplicación inmediata en la realidad de esos años.

Ese único argumento también lo menciona Guzmán, y yo lo citaré no para valerme de su pensamiento, sino por su importancia: “Escrita en el ardor de la lucha política presenta un argumento especialmente fabricado para probar que el cholerío es abominable sin réplica. (…). La tesis de la inferioridad del mestizo no parece bastar con los hechos. Se refuerza con frecuentes alegatos.”.

Ahora, por fin, tenemos el contexto y el argumento general de la novela. Y es que lo único que falta, es el antagonista de Portales, o mejor dicho el bueno de la novela: el Dr Peréz Benavente, su maestro.

Benavente es lo correcto intelectualmente y lo ideal moralmente, de hecho podríamos dudar de su existencia, porque se dice que es alguien que se ha podido mantener al margen de toda la corrupción del país. Mientras que Portales es lo incorrecto intelectualmente y lo material moralmente, no podemos dudar de su existencia, porque una vez más, nos resulta prácticamente familiar. Pero uno de ellos es un impostor: Benavente. Porque a lo largo de la novela descubrimos que Benavente no es ni correcto intelectualmente ni ideal moralmente. Por el espacio nos limitaremos a analizar un solo aspecto.

Intelectualmente, para analizar a Benavente es preciso ceñirse a una sola parte del libro, en concreto el capítulo III, donde observamos una especie de diálogo entre Benavente y Portales. Digo especie, porque Benavente busca disuadir a Portales para que escoja el camino correcto y de manera indirecta busca hablarnos a nosotros también.

Lo primero a tratar es la palabra cholo, para Benavente ya no hablamos ni de raza ni de casta, los dos componente asociados históricamente al cholo o chola. Sino hablamos de moral pero más concretamente de educación. La educación puede liberar al cholo de ser cholo, a que deje de ser cholo. Pero aquí asoma el engaño. Porque si cholo no es ya ni raza ni casta, pudiendo existir cholos blancos, la palabra cholo pierde todo su sentido, vale lo mismo decir cholo que mestizo o incluso boliviano, porque si aquello que pensamos que nos caracteriza deja de existir al educarnos, pues simplemente no es algo que nos caracteriza.

Y de hecho este es el argumento de fondo, porque después de los desvíos de su discípulo, Benavente llega a aceptar y hasta abrazar teorías pseudocientíficas sobre la superioridad blanca. De hecho resulta irónico que menciona a las teorías de la igualdad de la especie humana como moda pseudocientífica. Pero aquí el giro es completo porque sí en un inicio defendía la supremacía de la educación sobre todas las cosas y luego la niega en base a su muy alta educación ya podemos intuir que nos engaña. Esos frecuentes alegatos, de Guzmán, buscan hacer pasar como verdadero lo que es falso.

Esta crítica corta e incompleta, tiene un solo objetivo. Incentivar la lectura y aclarar, en la medida de lo posible, el contexto y el argumento de la obra. Tal vez no sea la mejor manera incentivar la lectura dando el argumento, pero la simplicidad del mismo creo que excusa de esa observación. También busca advertir que muchas veces para entender una obra se necesita paciencia, un diccionario e investigación. Pero también un juicio propio que cuando leemos sale casi de rebote, tanto como para admirar y elogiar como para criticar y refutar. Esos dos extremos forman parte de la crítica literaria, al estilo de Calvino. Claro está que no me gustó la novela. Y el último incentivo es esperar la respuesta de algún otro lector.

Bibliografía

“El Cholo Portales”. Enrique Finot. Librería editorial Juventud. 1977.

“Panorama de la novela en Bolivia”. Augusto Guzmán. Librería editorial Juventud. 1999.

“Por qué leer a los clásicos”. Italo Calvino. Editorial Tusquets. 1991.

Publicar un comentario

advertise
advertise
advertise
advertise