SOBRE LA ÍNTIMA FORMA DE CREAR

¿QUÉ ES ESO QUE ME MUEVE?

Escrito por Jazmin Torrez.

Hace poco estuve pensando en mi propósito, no el de vida, ese nunca lo sabremos. Pero pensaba más en mi propósito como creativa. Seas de diseño gráfico, artista, fotógrafo, pintor, director creativo (y nómbrese todas en femenino). Me di cuenta que resulta difícil comprender qué estás haciendo, y peor aún desde dónde lo estás creando, y más a fondo, qué es eso que te mueve.

Borges, en su ensayo “La muralla y los libros”, habla de la experiencia estética como aquello que te proyecta, que te hace sentir fuera de tu cuerpo cuando lo hablas. “El mundo está completamente globalizado”, escuché en un conversatorio, en el minibús, en los reels de Instagram y a mi mamá. Y me hizo pensar: ok, tengo que encontrar mi propósito, pero ¿cómo? Ya tienes el qué, pero ¿cómo muestro a ese yo implícito, a esa versión mía que soy yo en un mundo “lleno”?

Cansada de esa globalización, salí a la calle y me encontré con una pintura al vivo que incluía un cuadro gratis. Miento, dichosa sería yo si me encontrara algo así por casualidad, pero me uní a un workshop de pintura al vivo hecha “Alla prima” (a la primera).

Entré desorientada, y cuando llegué había personas preparando la escena con cámaras, un caballete postrado al centro con un lienzo marrón. Los óleos estaban en una paleta de vidrio y sentí un goce especial, ese mismo que sientes cuando estás a punto de ver una obra de teatro, a punto de empezar una tertulia, a punto de ver una película y ahora a punto de presenciar cómo alguien pinta un cuadro. Un slowpaint, un glorioso slowpaint.

¿De qué me iba a ayudar ver a alguien pintando? En mucho, ya vas a ver a qué quiero llegar.

El exponente, el pintor, el artista, se llamaba Fabián. Empezó por presentarse y a decir su intención con la pintura en vivo, el de poder presenciar su proceso y resolver dudas que surjan en el camino.

Comenzó mostrando los materiales, un poco caótico para alguien que no conocía los infinitos nombres de óleos y fue lo que irónicamente me interesó. Siempre tuve la duda de cómo escoge los colores un artista. Dijo que para esa obra utilizaría los colores primarios y que se iría contra los artistas puros utilizando el blanco y negro.

Argumentó que nadie iba a saber qué había detrás de un cuadro, y cuánta razón porque la mayor fijación está en el resultado, pero no debería estar en el autor y eso lo lleva a su favor. Yo, ajena a la pintura, escuché cómo nombraba cada color con su nombre y que cada tono importaba e influenciaba en la obra.

Fabián continuó explicando sobre las referencias, imágenes y el qué iba a pintar. Durante su explicación nos pasaban obras suyas de pintura y acuarela, cada una tenía su propio título.

Me atreví a preguntar si todo lo que pintaba salía también de su cabeza o de las musas (quería sacar ese cliché de mi cabeza), a lo que orgullosamente me dijo que no, que se ayudaba de programas de edición para hacer fotomontajes y acercar cómo quería su mente.

Luego pregunté si el título o el concepto lo pensaba antes de empezar su obra o después. Me respondió que lo pensaba al final. Me liberó con esa respuesta; siempre pensé en seguir un orden al momento de crear y aquí es donde encontré por qué eso ha interrumpido mi creatividad.

Comenzó entonces a bocetar. “No me preocupo ahora cómo va a salir”, dijo comenzando por el rostro. Añadió que las ventajas del óleo era que se podían borrar constantemente y que en el proceso lo iría ajustando.

Estaba dibujando con un pincel plano una máscara de moreno que había sacado del Museo de Etnografía y Folklore.

Fabián trataba a su cuadro como a una persona que estaba creando. Decía que hay cuadros y hay cuadros, unos que se dejan pintar y otros que se dejan y abandonan. Sostenía aquí la idea de saber cuándo dejar una obra, y que estas no se terminan, se las dejan.

Y aquí me puse a pensar en la obsesión: si se dice que uno debe darlo todo, ¿qué tanto es ese todo? ¿Qué estoy dando y qué estoy perdiendo?

Esta idea me recordó al ensayo “Borges y yo”, de Borges, quien dice que hay dos yoes. Uno eres tú y el otro es ese yo ambiguo que has creado. Yo lo comprendo mejor con un artista y su creación, pues hay una eterna relación entre esos dos yoes.

Aquí resuena también la esencia, de dónde viene eso que me mueve. Le estás hablando a ese yo implícito, a ese que no tenemos idea de quién es.

Fabián continuó con el dibujo central y analizó la imagen de referencia. En el óleo, dijo, se comienza siempre por las sombras para luego aclararlas.

Sabíamos que iba a ser un proceso largo, entonces nos comentó sobre su formación y nos dijo que cuando salió a las calles a pintar y ver fue donde aprendió más. Asistía a exposiciones para aprender de grandes maestros.

Mencionó a Castañeta, Nicolás López y Samuel Smith.

Definió a la academia como una teoría que se aprende y que luego se rompe cuando se sale afuera. Algo curioso de esto es que justo me encuentro en esa fase: terminé una carrera artística y a veces no sé dónde me encuentro o qué hacer con ese título.

Y de aquí nació esa pregunta: ¿en qué parte está eso que me mueve?

Abdel, un amigo y colega suyo, comentó cómo uno se pelea con la técnica para dominarla, pero detrás de eso se hallaba la intención: cómo quieres mostrar el paisaje, con qué historia la quieres llenar, qué dice sobre ti.

Aquí es donde hallo el qué es eso que te mueve: quizá esté detrás de la técnica, debajo de una capa de color, está entre tu trabajo; allí habita esa intención.

Me despedí de Fabián cuando regresó, y me despedí de sus amigos. Salí plena, refrescada, bajé las gradas y sentí esa paz como si hubiera visto una obra de teatro, una tertulia, una película y, en este caso, una obra concluida.Definitivamente te sales con algo que llevas. Allí se me ocurrió escribir este ensayo. Se dice que es el género que combina academia con lo artístico y es uno de mis géneros favoritos.

Entonces, artista, diseñador gráfico, pintor, fotógrafo, director creativo (y nómbrese todas en masculino): ¿qué es eso que te mueve? Es aquello que te llevas luego de ver algo que te transforma. Pero tuve que ponerle nombre. De un listado que llené comencé por los temas que me gustaban. Encontré algo común entre esos temas y en esa intersección se hallaba una emoción. Esa emoción era aquello que siempre me impulsaba a crear. Tan simple que cualquiera puede entenderlo, pero difícil sentirlo ya sea por miedo o por ego. En un lugar lleno de gente que quiere comerse el mundo, ésta es una emoción rendida. Era pues, la sensibilidad.

Referencias

Borges, J. L. (2005). “La muralla y los libros”. En Otras inquisiciones. Alianza Editorial.

Borges, J. L. (2005). “Borges y yo”. En El hacedor. Alianza Editorial.

Vargas Andrade, F. (2026). “Máscara: Pintura Alla Prima” [Workshop de pintura en vivo]. La Paz, Bolivia.



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