EL ESTIGMA DE LA TRANSITORIEDAD: UN ANÁLISIS PSICOLÓGICO DE LA DISCRIMINACIÓN GENERACIONAL

Gabriela Rocío Pantoja Zenteno

En la arquitectura de las sociedades complejas, la discriminación suele identificarse en ejes económicos, raciales o de género; sin embargo, existe una estructura de exclusión más silenciosa pero igualmente profunda: la generacional. El concepto de “Enfoque Generacional” surge no solo como una categoría sociológica, sino como una necesidad psicológica para entender cómo el Estado y la familia fracturan la identidad de niños, adolescentes y jóvenes (NAJ). Al analizar este fenómeno, se revela que la base del funcionamiento social actual se sustenta en la negación de la autonomía del menor, estableciendo un sistema de castas etáreas donde la adultez es el único estado de validez humana.

El lenguaje como herramienta de despersonalización

La psicología social enfatiza que el lenguaje construye realidad. El término “menor de edad” ha trascendido lo legal para convertirse en un constructo semántico que denota incapacidad, inmadurez e irresponsabilidad. Esta uniformización es psicológicamente violenta, pues ignora las vastas diferencias biológicas y cognitivas entre un niño de cinco años y un joven de veinte.

ta visión “adultocentrista” opera como una forma de colonialismo mental. Al etiquetar al joven desde la carencia (lo que “aún no es”), se produce una anulación del “yo” presente. Frases cotidianas que patologizan conductas naturales del desarrollo como la llamada “edad del burro” no son bromas inofensivas, sino mecanismos de control que refuerzan la superioridad del adulto y la subordinación de las nuevas generaciones.

El mito de la etapa preparatoria y la invisibilización del ser

Uno de los problemas centrales en la formación de la identidad es la representación social de la niñez y la juventud como simples estaciones de paso. Si la sociedad considera que estas fases son solo un tránsito hacia la vida adulta, la única etapa percibida como “importante”, el individuo deja de ser relevante en el aquí y el ahora.

Esta percepción de “fase imperfecta” hace que los derechos y necesidades de los grupos generacionales se vuelvan invisibles. Desde la psicología del desarrollo, sabemos que lo que ocurre en estas etapas es fundamental y, en muchos casos, irreversible como la malnutrición o el trauma por maltrato. No obstante, al considerarlos marginales, la sociedad no solo ignora sus potencialidades, sino que termina percibiendo a la juventud como una amenaza o un “peligro” para el orden establecido, en lugar de verlos como actores estratégicos del desarrollo.

La estigmatización y el espejo de la autoestima

La psicología conductual y social advierte sobre el impacto de las etiquetas. Cuando la representación pública de la juventud se reduce a la violencia, el consumo de sustancias o la delincuencia asociada a la pobreza, se genera un estigma que afecta la psique colectiva. Este fenómeno provoca una disminución drástica en los niveles de autoestima y una parálisis en la autodeterminación.

Si un joven se mira en el espejo de la sociedad y solo recibe una imagen negativa, su identidad se deteriora. El maltrato infantil, que en contextos de vulnerabilidad alcanza cifras alarmantes, es la expresión máxima de esta jerarquía de poder, donde el niño es tratado como propiedad privada y no como un ciudadano con dignidad propia. La cultura de la violencia se perpetúa así como un ciclo donde la falta de ciudadanía legal refuerza la indefensión psicológica.

Hacia una reconstrucción de la ciudadanía generacional

El cambio de paradigma requiere entender la ciudadanía no solo como un derecho político de voto a los dieciocho años, sino como el “derecho a tener derechos” desde el nacimiento. La equidad generacional propone una relación democrática entre mayores y menores, basada en el respeto mutuo y la valoración de la identidad propia de cada edad.

Psicológicamente, esto implica reconocer que las potencialidades humanas se establecen en la infancia y juventud. La inversión en estos grupos no es una dádiva, sino una prioridad estratégica. Un individuo que es respetado como ciudadano desde su niñez desarrolla un sentido de responsabilidad y pertenencia que un sistema represivo jamás podrá lograr.

La discriminación generacional es la raíz de un desarrollo nacional deficiente. Mientras la sociedad y el Estado mantengan una visión arcaica y segregadora de la minoridad, seguirán produciendo ciudadanos con identidades lastimadas y baja autoestima. El enfoque generacional, por tanto, no es solo una política social, sino una reparación psicológica necesaria para garantizar que cada etapa de la vida sea vivida con plenitud, respeto y dignidad.

Referencias Bibliográficas:

UNICEF / Oficina Regional para América Latina. Derecho a tener Derecho: Infancia, Derecho y Políticas Sociales en América Latina. Madrid: Taurus/Unicef.

Baldivia U., J. Diagnóstico de la Juventud Boliviana. La Paz: Despacho de la Primera Dama / Comité Técnico Nacional.

Levi, G. y Schmitt, J. C. Historia de los jóvenes: La edad contemporánea. Madrid: Taurus.

1 comentario

  1. Sin duda existe una discriminación hacia la juventud, así como a todo "grupo vulnerable" de las sociedades y como en todos esos casos son otros los que te denominan "vulnerable" según tus carencias, las cuales se basan en un arquetipo "plenamente funcional" del ser humano. Pero en el caso de la juventud, es una etapa por la cual todos pasamos y su segregación muestra también un olvido casi voluntario del pasado de la propia persona. Vendeia bien investigar a qué se debe este olvido y sus peligros.

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